Felicitas Navarro Pérez
Buenos Aires
ARGENTINA
La última rosa
Había muerto el horticultor de sueños…
ya no hurgaría más la greda con sus manos,
ya no esparciría sus semillas por los aires
como proyectos de hijos nuevos.
Desde el mismo ombligo de la tierra
cesó el latido.
La Pachamama se negó a parir,
la sabia cuajó su pócima de vida,
los vientos comenzaron un ritual final,
el espacio dorado de de los soles se vistió de niebla,
el agua se escachó de plata.
Aún así,
entre las espinas moribundas
abrió el pimpollo
como un desafío de esperanza
desplegó sus pétalos…
se hizo rosa
como un manchón de sangre coagulada.
Y lentamente dispersó el espliego de su aroma
para contrarrestar la angustia acumulada.
Una mariposa algo incrédula
se posó suavemente en ella,
entonces un rayo de sol cortó la niebla,
el viento detuvo su postrera danza,
cantaron las cigarras presurosas,
las palomas bordaron el cielo con sus alas.
Tembló la tierra ante tanto arrojo,
y desde su ombligo
se escuchó otra vez latir la Pachamama.
La última rosa se hizo milagro
rompiendo y destrozando la mortaja
porque no todo está perdido
cuando se abre un pimpollo a la esperanza.