Jorge Kopalek
Buenos Aires
ARGENTINA
Sólo tendría 12 años
Al negocio de repuestos entró
y en su espalda una mochila,
no llegaba al mostrador,
era muy chica y muy linda.
Solo tendría 12 años
y vendía lapiceras,
se quedó ahí paradita
esperó que la atendieran.
Nadie de los seis clientes
le prestó alguna importancia
y el “encargado de compras”
estaba a corta distancia.
Le pregunté que vendía
Y me dijo, lapiceras,
ofrecele al comprador
le dije, para que fuera.
Mostrárselas le costó
necesitaba peldaños,
era muy chica y muy linda
sólo tendría 12 años.
Pero antes de que se fuera
le compré dos lapiceras,
comprar no necesitaba
pero sí, ella venderlas.
Al llegar hasta la puerta
su mano me saludó,
sus ojos que eran hermosos
tenían el brillo del cielo,
y su dulce vocecita
me dijo, gracias abuelo!
Quizás no tenía abuelo
quien a diario la guiara,
que le brindara cariño
y también mucha alegría.
Por eso que si el destino
la salve de la jauría,
y al tener todo perdido
nada tenga que perder,
seguro que la he de ver
con el éxito ganado,
a la chica que era linda…..
…..y tendría 12 años.
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Día de la Madre
Hoy para todas las madres
traigo un saludo sincero
y sin privilegio alguno
a todas por igual quiero.
Hablo de las madres buenas
no las que son semillero,
de hijos que traen al mundo
y luego los abandonan
sin el menor desconsuelo.
Hablo de la madre que,
aún débil en su contextura,
para defender a un hijo
demuestra su gran bravura.
De la madre que acompaña
cada mañana a su hijo,
y que siempre atenta está
para verlo muy prolijo.
De la que dispuesta está
al máximo sacrificio,
y sin meditar los riesgos
salvar la vida del hijo.
Puedo escribir más estrofas
hablando de cualidades,
tan solo basta decir
¡Gracias a todas las madres!
Cantarás en el cielo
Llegaste una Nochebuena
nervioso, casi asustado,
con el pecho bien enchido
y el plumaje colorado.
Fue el regalo que elegí
Para alguien que quiero tanto,
Pues quise alegrar su vida
Con el trinar de tu canto
Así pasaron los días,
los meses y más de un año,
y nunca pensé que alguien
pudiera hacerte algún daño.
Y fui yo quien no entendió
que te estabas enfermando,
sin saber porqué razón
no hice lo que debí hacer
para que fueras sanando.
Hoy la congoja me oprime
y nunca podré olvidar,
que siempre me acompañaste
con tu divino cantar.
Tu cuerpo está en mi jardín,
tu alma en otros confines.
Con un coro de violines
Fue acompañando tu vuelo,
Porque yo sé, Gardelito,
que cantarás en el cielo.
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