Luisa Cabero Cabieses
Lima
PERÚ

 

 

                                                                                                                                          Mi mejor amigo

 Presiento que mi corazón ahora vivirá contento, porque me ha venido el sano juicio de conocer mi muerte cruel, que me hizo vivir sin ver lo que realmente tiene sentido en la vida. Ahora, que vivo sin estar confundido, lo que más quiero en la vida es ver a mi mejor amigo, porque en él vivo y descanso. Y si no fuera así andaría como perdido en este mundo, que a veces se me presenta como un jardín de hojas muertas, donde se respira el odio como si fuera un tesoro, la ambición como si fuera la mejor vida.
Pero ahora que siento que todo quedó atrás, que todo quedó en el olvido, sólo subsiste el triste recuerdo que a veces empieza a tener vida cuando dejo de ver a mi mejor amigo. Y no desearía nunca más voltear mi rostro para mirar atrás, porque ahora entiendo que me convertiría en estatua de sal. Y voy por el mundo camino al blanco, lugar seguro y reluciente, y si alguien me pregunta cómo se llama mi mejor amigo, le diré que mire hacia arriba buscando su nombre en el cielo.

 

 

Mi Mente Inquieta

Un hombre decía:
— Cada vez que mi mente inquieta se impacienta es porque trato de hacer todo por mi cuenta, sin observar que lo que ansío se va a acabar, y como un enemigo de mí mismo voy destruyendo lo que más quiero en mi persona.
— Y pensar que mi mente continuamente se impacienta porque no hallo la verdad que desearía escuchar, y por esta causa vuelvo a caer en desgracia y quisiera perecer si no pudiera nuevamente nacer, porque así podría vaciar lo que me impacienta y ver otra realidad que va más allá de mi capacidad. Y gran gracia sería si esto me sucediera, porque he comenzado a entender que si no muero de todo deseo desordenado, viviré como ausente los días que me quedan de vida sin haber llegado a ser un hombre, que ayudado por la luz divina pueda pensar lúcidamente.
Y mientras hablaba consigo mismo todo lo que él presentía se fue manifestando en su ser interior, y pudo ver que en su vida no había contado con la sabiduría que hace que la mente viva con quietud divina, y esta gran comprensión fue lo que colmó de dicha su vida.

 

Valle de Congoja

— Qué es lo que me ha sucedido, –decía un hombre muy angustiado e insatisfecho de la vida–, que ando como suspendido en este valle de congoja, donde el dormido tranquilo se aloja, porque no entiende de lo que es bueno, bello y tranquilo. Si camino por algún lado, presiento que alguien que no es de mi agrado está a mi costado, si camino más arriba siento que algún tonto me esquiva, y si lo hago más abajo quedo como cabizbajo de ver tanto trabajo, que se hace bajo el sol sólo para alimentar la banalidad. Ya no sé a dónde ir si todo lo que piso no es más que lodo y ceniza. Por eso ando en esta melancolía que llevo como carga noche y día.
Y repitiendo muchas veces lo que para él no tenía respuesta, de pronto sintió que una voz, todavía muy lejana a él, le decía:
— ¿Sabes cuál es el sentido de tu peregrinar?
Y él, casi sin poder contestar, le dijo:
— Pero si ni yo sé a ciencia cierta quién soy ni adónde voy, ¿qué podría hablar en este valle de congoja en el cual todavía vivo?
La voz que venía de su propia conciencia, sabiamente, le contestó:
— Son las tinieblas, hijo, las tinieblas que aún no te dejan hablar para que te puedas expresar con sabiduría y claridad. Pero cuando se ilumine tu vida podrás hablar, reír y vivir feliz el resto de tus días, entendiendo que el sentido de tu peregrinar no es el de juzgar sino el de ayudar a que todos vivan en un valle fraterno y con alegría.