Silvia D'Antoni
Buenos Aires
ARGENTINA
La plaga
Clara entró en el departamento, encendió la
luz y vomitó.
Ella intentó apurar el pasó pero su desconcierto se lo impidió.
Avanzó horrorizada entre ellos, temiendo pisar la sangre y enseguida
llegó otro vómito.
Los siete cuerpos estaban allí, tendidos a lo largo del pasillo con
las cabezas aplastadas.
Clara comenzó a gritar. Gritó hasta que se le partió
la garganta
Algunos vecinos estaban agolpados en la entrada.
Los alaridos hicieron que el encargado también se acercara al departamento.
El hombre pronto disipó a la gente y se quedó a solas con la
mujer. Ahora,
Clara se movía inestable, perturbada como un hambriento animal salvaje.
– ¿Qué hizo, bestia?– maldijo al encargado.
–Yo... yo... –titubeó el hombre – ¡Hice lo
que usted me pidió!
¿Acaso no estaba harta de los bichos del edificio? –musitó
cabizbajo.
-Mos…moscas…- alcanzó a decir Clara y cayó desmayada.
El encargado buscó el teléfono y llamó a su mujer.
–Juana, bajame al segundo una bolsa. ¡Sí, al segundo! –le
dijo en forma quejosa.
Los siete gatos con cabezas aplastadas seguían allí, a sus pies.
El hombre los observó en silencio.
¡No se había equivocado!, pensó. ¡No se había
equivocado!
¿O, tal vez sí?