María Belén Mantenberg
Buenos Aires
ARGENTINA

 

OTRO UNIVERSO

¿Cuántas veces se terminó
el camino e inventamos ensueños
paralelos?

Soberbia al afirmar que nació la flor
cuando la hice pecar.

Dulce secuestro rememoré al arrancar
las agujas que el destino rogaba,
mas crueles plegarias han sido guardadas
junto al rocío que envolvía
mi mano, tan escarlata
por juntar tus penas.

Me niego a darle la vuelta
a la luz, convecida estoy de que al otro
lado nunca habrá maldad, pues
los pétalos aterciopelados que dejaste
como obsequio en mi camino construyeron
mi dirección, y cada noción perdida acompaña
el destino que te pertenece, amarás
convivir con esa eternidad,
si eres el eje
en el sentido divino.

Malditas las horas, que hacen crecer
mi otro universo.
Malditos tus ojos, que miran
tristes las cicatrices que dejaron en mi
sensibilidad las espinas que te he robado
aquel Febrero.

COMO AQUELLA VEZ

Pecando al tener
la gloria en mis manos,
al llevar un retrato
de amor
eterno en el
corazón.

Nunca el cielo fue
tan terrenal,
tan infinito.

Solo un día espejado
se encontró,
y tuvo la forma mitológica
alada
en cada relieve, siempre
a sus anchas.

Porque la voluntad es
el eje
de mis enmarañadas
cadenas, y mirando bien
mi realidad entenderás
el origen de ese
metal tan frágil, tan
elásticamente parecido
a mis sueños
nostálgicos.

Si el olvido no te olvida,
si la bendición humana
se hace
mortal e infinita, los gritos
mudos
de tenerte a un paso
de distancia llevarán
a tu nublado espíritu a decidir
finalmente mi futuro.


Te darás la vuelta y
me encontrarás
como esa última vez.

PLATEADA CEGUERA

Todo lo que recuerdo es
aquel párpado al abrirse,
el rayo de luz de tus ojos,
el mar atrapado
en las alturas.


Esas furtivas ganas
de negarme a no seguir,
y el esplendor
de la maldita incógnita que llevo tatuada.


Un giro de brillo utópico
hacia el Sol, unas chispas
imaginadas vagamente,
y si
ya no veo
es por la plateada ceguera.


Confío
en los hilos de aquella ignominia
prometedora, en la sal
que llevan dentro, en la lluvia
ácida de las consecuencias.


Cuando la retina engaña
y las rosas se vuelven rojas,
quiero volver a empezar.