Sergio Yarull
Entre Ríos
ARGENTINA

 

ACONCAGUA

Silencio estremecedor, respeto casi de iglesia.
Amordaza desde el alma, divisar tanta belleza

De lejos, descomunal, lo que debe ser de cerca.
Hurgar tus rocas dormidas, palpitar historias nuestras.

Te asedian embelesados, los desvela tu silueta.
Al hacer cumbre, cautivas y te ofrendan su existencia.

Las nubes hacen coronas, alrededor de tu cresta.
Se funden en tus laderas, bañadas de nieve eterna.

Al norte velos de novia, en el atrio de una iglesia.
Al sur agreste y arisco, rechazas sin mas clemencia.

Trono del creador tu eres, mapuches te reverencian
Crudos glaciares te marcan, profundas muescas siniestras.

Puente del Inca, las Cuevas, pórticos de tu presencia.
Laguna de los Horcones es tu espejo, como emblema.

Altivo cóndor andino, junto a vos, es centinela
De la América latina, con ansias y sin fronteras.

 

POTRO

Potro noble y salvaje como el viento,
brioso fulgor, estirpe de una raza.
Tus cascos y el sudor, tallaron huellas,
por el sendero incipiente de la patria.
Atinas solo a sacudir las clinas,
a la caricia de la mano gaucha.
Se hace estridente tu feroz relincho,
al cuerpear, con la lanza en una carga.
Mil proezas, se grabaron en tu lomo,
pero pocas te cantan alabanzas.
Bandera andina, coraje en Salta,
bravura indómita en las pampas.
No solo acompañaste al gaucho en la patriada.
También lo hiciste junto al surco en la labranza.
Y allí la espiga florecía a tu paso,
como saludo de oro dando gracias.
El único homenaje recibido,
fue tallar tu gallardía, en frío bronce,
para exaltar al prócer, con tu estampa.
Pocas veces la historia nos relata,
que fue tu monta, un grito y la tacuara,
tendidos en carrera hacia la muerte,
derrochando jirones de esa esencia,
cultora del amor que florecía
junto al grito ¡libertad! ¡Viva la Patria!.