Fernando Tomasini
Buenos Aires
ARGENTINA

 



Romántica Luna
(A mi esposa Sandra Mariela)

Son tus pinceladas blancas, todas,
el arco iris de la noche clara,
echa al viento de las tinieblas todas,
tu cabellera dorada y plateada.

Tú eres la roca donde anida mi vuelo,
tú eres el faro de la impetuosa calma,
tú eres el aljibe del cual bebo tus besos,
tú eres el lucero donde reposa mi alma.

¡Ni aquel! Me arrebata tu caminar,
de mis ojos deseosos de tu blancura.
Ni el Ruiseñor altera tu caminar
pausado, en la noche clara y oscura.

¿Quién es aquella para soñarme?
¿Quién es... en mi locura, aquella?
¿Quién es aquella, para desearme,
más allá, de las nieves eternas?

 

 


Momentos

Soñaba en el roce de tus besos,
aquel momento en tus brazos,
bajo la luna implacable
entre tu mirada y la noche.

Momentos lo tuyos y los míos
soñados en la fragancia de las flores,
bajo el canto de los pájaros,
momentos vivos de la noche.

Instante ya lejano aquel...
cuando tus labios robaron mis besos
bajo la copa de los árboles,
testigos mudos por ti dados.

Momentos de dulzura y encanto
y belleza y serenidad y encuentro...
momentos de locura y pasión
y desenfreno y atrevimiento...

Momentos de la luna y la noche.

 

 

Pies de arena

Oh tú, oh tú, oh tú Afrodita,
en la majestuosa cresta de la ola,
calma como ave de paraíso, irrumpes
mis pies de arena robándote los besos, mis besos...

Una tras otra bañan mis pies
de tu locura sin freno, día y noche.
Las estrellas todas en su vuelo
de faisán blanco en la noche,

mimetizan tus besos ¡Oh Afrodita!
con los que tapizas los granos
de arena de mis pies descalzos.

¡Afrodita , Afrodita! No te olvides
de mis pies cansados por el tiempo,
ven y susúrrame... te amo.


Quietud y locura

Quietud, quietud, quietud...
es el remanso de tus olas
que en el repliegue del horizonte
contemplo, la playa de tus pies.

Dejadme en el descanso de la retirada
mansa ya está mi locura por ti.
Lejos me encuentro, rendido a tus pies,
locura mía la que siento por ti.

Mis besos, mis besos por ti...
aquellos que te di, aquellos que robaste,
llegan a ti llevados por el huracán,
gotas de lluvias caerán sobre ti.

Al comienzo de la noche, seré
las olas con las que cubriré
los pétalos de tu piel, y tu serás,
la alcoba donde mi locura descansará.