Jean Rincheval Defrancisco
FRANCIA

Arco iris colores vivos

I
Un día, en la luz deslumbrante
De su inspiración caótica,
El pintor echó alegremente
Tres colores en su paleta.

Una pasta roja, otra azul,
Y otra de amarillo. Luego,
Enjugando sus manos con tul,
Tomó un lienzo inmaculado.

Después, se perdió en conjeturas
« ¿Qué hacer ahora para ser mejor
Que ayer ? He pintado mil cosas
Y todo me parecerá peor…»

Por eso, el pintor intentaba
Hacer callar esa voz interior
Con algunas copas que bebía
Antes de empezar su labor.

Así que, en la luz deslumbrante
De su inspiración caótica
Se fue a beber alegremente
Dejando colores y paleta.


II
Quedándose solos, los colores
Se aflojaron con tres suspiros
Muy delicados, predecesores
De estos sorprendentes diálogos:

« Pff ! » sopló el amarillo. “Salir
Sin servir, ¡Qué tontería! Secar
Así, no me gusta. Es consumir
El brillo de mi natural solar.

Yo ilumino, deslumbro, ciego
Mi toque claro llena la vida
Y declaro sin ningún orgullo
Que llevo en mí la vital claridad.

Puedo ser junquillo o girasol,
Gloria del poder, alegoría,
Y luz en los cuernos del caracol.
¡Perfecto para decir la verdad! »

« ¡Pobre! » Dijo el azul. « Yo tengo
Gracia, gran privilegio y poder
Para dar luz y brillo al cuadro
Sin que sea mezcla menester.

Conmigo, maestros y artistas
Pintan la profundidad del cielo,
Temporales en el mar, y la paz
En los límpidos ojos del niño…»

El rojo no pudo con su chispa :
« Soy yo el fuego y el amor,
El ánimo y la energía
Y soy yo el singular esplendor.

Todo lo que abrazo relumbra
Con intensidad ¡Es un pundonor!
Y vuelvo entrañable la vida
Al llevar en mi sangre gran valor

De la existencia.» Resoplando,
El amarillo burbujeante
Con su gotita el azul tocó,
Cambiándolo en verde tunante:

« ¡Hola Ustedes! ¿Qué tal vosotros?
¡Qué bien! ¿Hace buen cuadro por aquí?
Regalaré confianza a todos:
La que se bosquejó dentro de mí…»

Las gamas vieron, asombradas,
Como de ellas salían verdes,
Despreocupadas esmeraldas
Genitoras de prados silvestres.

Sorprendido, el azul regresó
Dando al rojo un golpe débil
Y de allí surgió un puntito
De un color violeta vibrátil.

« Porto la riqueza del imperio.
Me ayuda mi hermano añil,
Con su lozanía estoy listo
Para donar un aire juvenil… »

El rojo no se dejó hundir :
«Yo soy la gran figura del amor
Pasión ardiente y sé descubrir
Su fuerza en el sol conquistador.

Cosas buenas no pueden existir
Sin los relámpagos de mi soplo…»
« ¡Fíjate! Nada podría vivir
sin oro», cortó el amarillo.

«Y el oro es mío ¿entendéis? »
Engallados, cambiaron resuellos
Y respingando por todas partes,
Surgieron bellos anaranjados.

« Con nosotros va la alegría
Dando más paso al colorado
Podemos dar ánimo al alma
Y ver la vida con más atractivo. »

« ¡Tenéis razón¡ Dijo el verde
Saltando. Quiero vivir el placer.
¡Mirad! Puedo volver a un bosque
Y fantasía del otoño tener…»

Enseguida zambulló en rojo…
« ¡Una propuesta encantadora! »
Dijo violeta: « ¡Me enciendo!
Concediéndote luminosidad. »

Así salpicaduras cambiaron
Anaranjados en bellas flores,
Y estrellas al cielo saltaron
Como banderas de bailadores.

III
El pintor en la luz deslumbrante
De su inspiración caótica
Dejó su copa alegremente
Para regresar a su paleta.

« Ahora, en mi vacío cerebral
Puedo ver todo del arco iris
Y preguntar con mucho natural :
¿Es verdad que los colores vivís?

Conozco la lucha de los hombres
El interés, las ganas, el furor…
Pero ¿Qué pasa con los colores?
No sé. Sino que son el esplendor.

Y estos tres indomables aquí,
Burlándose de mi pincel torpe,
Del lienzo blanco, del blanco en mi…
¡Muy bien! Pues voy a dar un golpe… »

Y por fin, en la luz deslumbrante
De su inspiración caótica
El pintor mezcló alegremente
Los coloridos en su paleta.

 

Dos orejas y el rabo

Prólogo

No entiendo nada de los hombres,
Conozco más la naturaleza.
Quiero correr a campo traviesa
Sin ver nunca estas caras pobres.

He nacido libre, noble, bravo.
Sé dónde están las hierbas tiernas
Y los matorrales de espinas…
Amo sentir el furor del viento,

Y también, al abrigo del árbol
Centenario, esperar la luna,
Protegerme de la fuerte lluvia,
O más, gozar en los brazos del sol

A veces, no desdeño combatir
Cualquier primo, cuerno contra cuerno,
Hasta que se vaya, agotado,
Alejándose para no morir.

¡Tengo confianza en mí
Soy el toro bravo!

No entiendo nada de los hombres.
Pasan siempre por aquí montando
A nerviosos caballos, gritando,
Despertando nuestro furor. ¡Pobres!

No me gusta el polvo del corral.
“Este” ha dicho un chisgarabís
Con una voz de piedra. « Y el gris.
Me parecen tener el potencial ».

Poco después, con un compañero,
Nos llevaron a la oscuridad
De un carro. Adiós la libertad.
He sentido el aire del campo

Desaparecer súbitamente,
Reemplazado por el mal olor
De no sé que lugar sin esplendor.
Pero no vacilo en mi mente.

¡Tengo confianza en mí
Soy el toro bravo!

No entiendo nada de los hombres.
No pueden hacer temblar mis cuernos,
Y tampoco conocen los vientos.
¿Cómo viven, lejos de los robles?

Me cierran en una choza negra.
No hay luz ni aire. No hay hierbas.
¿Dónde está la luna? Además,
Tengo ganas de comer, y rabia.

Siento mi cuero rascar la pared,
Mis cuernos combatir el vacío…
Quiero salir, y del enemigo
Derramar sangre y saciar mi sed.

¿Pero que pasa? Hay gran revuelo
Ahora. ¿Qué quieren? ¿Qué esperan?
Faltas de respeto, no me gustan.
¡ Van a ver ! Puedo ser peligroso.

¡Tengo confianza en mí
Soy el toro bravo!


I
No entiendo nada de los hombres
Ahora dos me abren la puerta.
La luz súbitamente me ciega.
Es igual. Cuidado con los golpes.

Nunca he oído a la gente,
Con tanto tumulto… ¿ A dónde ir ?
Todos estos no quieren combatir.
Me gustaría verlos de frente.

“¡ Ven !” “Aquí.” Golpeando con el pie
Y jugando con un trapo rojo
Se digna citarme: ¡El gorgojo!
¡ Cuanto quisiera no ver a nadie !

Pronto lo cargo con mucha rabia.
Siento la resonancia del suelo.
Oígo los chillidos, al momento
Del choque. ¡Ole! ¿Dónde está?

¡Tengo confianza en mí
Soy el toro bravo!

No entiendo nada de los hombres.
Me encuentro contra la barrera…
Detrás, dos están sudando tinta,
Cuidadosamente inmóviles.

¡Me gustaría verlos de frente!
Pero… « Aquí. » Me cita de nuevo
El enclenque. ¡Maldito! Lo cargo
Sin miedo, impetuosamente.

¡Ole! Aún me ha engañado.
Sin más, me encampano firme.
Saluda al público. Su suerte
No puede durar… Allí me cebo

Y de nuevo lo dejo escapar…
Otra vez rozo el trapo, sin ver
Pasar su sombra. ¡Ole! Puede ser
Cobarde. Tener miedo de luchar…

¡Tengo confianza en mí
Soy el toro bravo!

No entiendo nada de los hombres.
Tocan música.¿De fiesta estoy ?
Entra un caballo ciego. Le doy
Cornadas de pronto. Muchos golpes.

Resulta: un ruido de chatarra.
Lo percibo aterrado, casi
Paralizado. Tengo asco, y
Le odio por tanta docilidad.

El fuerte jinete apoya con
Todo su peso sobre la vara
Larga que clava en mi espalda,
Buscando, hasta cortar un tendón…

Se viene abajo mi cabeza,
Con mucha sangre, y poco dolor.
¿Piensa debilitarme? Que error.
Eso me da más rabia, más fuerza.

¡Tengo confianza en mí
Soy el toro bravo !


II
No entiendo nada de los hombres.
El caballo sale… Ningún honor,
Sumiso debajo del picador.
No oigo detenerse los cobres…

Con los brazos altos, de puntillas,
Aprieta sus labios, y se mece
Lentamente. Su cuerpo parece
Suspendido al cielo. ¡Qué burlas!

Me gustaría hacerle frente.
Lo cargo con trapío. Se libra…
Y con sus varas verdes me clava
La cerviz, aun violentamente.

Oigo los gritos puestos al cielo
Por la masa revuelta. No pasa
Nada. Poca sangre. La cabeza
Alta, da un saludo. Lo miro.

¡Tengo confianza en mí
Soy el toro bravo !

No entiendo nada de los hombres
Paso a paso, toma dos varas
Nuevas. Extravagantes espinas…
No sé como me clava otra vez.

El clamor estalla con su salto.
Lo dejo escapar todavía.
No siento nada, sino la rabia.
Da una vuelta, brazo en alto.

A la tercera vez, lo cargo mal
Me he enmarrañado las patas,
A punto de caerme, sin fuerzas.
Me ha clavado una. No sé cual…

Otra yace en el suelo, cerca
De su bicornio abandonado.
Cuánto quisiera empitonarlo,
Y que olvidara su sonrisa…

¡Tengo confianza en mí
Soy el toro bravo !


III
No entiendo nada de los hombres.
Ahora, engallado, a pasos
Contados, me mira a los ojos.
¡Vengo! Y me esquiva otra vez…

Doy media vuelta. Aquí está:
Un brazo en su espalda, juncal,
Orgulloso. Vuelve su tic labial…
¡Me gustaría herir su cara!

Tengo muchas ganas de combatir.
Aún lentamente, muy temerario,
Me cita de nuevo ¡Sigue recto!
Fallo. ¡Ole! Sólo sabe huir…

Cargo contra él y volteando,
Haciendo remolinar su capa,
¡Me da un beso! Pero ¿Qué busca?
Tenaz, ferozmente, arremeto.

¡Tengo confianza en mí
Soy el toro bravo!

No entiendo nada de los hombres
Embisto con ahínco. Capea.
¡Ole! Me vuelvo y la música
Sigue: ¡Podrá girar a pasos dobles!

Lo siento en la punta del cuerno,
Encadenando Manoletinas.
No toco nada. Giramos atrás,
Juntos, en ritmo. ¡Ole! Lo veo

Entre muchos relámpagos rojos,
Voltejeando, refrenándome
Sin casi moverse… De repente,
Al retirarse, dando saludos,

Lo cargo. Se aleja. Y siempre:
¡Ole! Espumajeando de ira,
Ataco todavía. Esquiva…
Los aplausos de la muchedumbre

Retumban en tierra y en cielo,
Y hasta en mi cuerpo. El hombre
Dice: « Con permiso ». Su estoque
Brilla sin temblar. Yo, lo espero.


Los gritos se detienen de rugir.
Hay un rato de silencio total
El aire se carga del especial
Sabor de la muerte. ¿Por qué morir?

¡Tengo confianza en mí
Soy el toro bra…!