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LA PINTURA EN HISPANOAMÉRICA


   Es todavía bien poco lo que sabemos sobre los pintores de la época virreinal , pero aún así un buen conocedor de la materia como Adolfo Luis Rivera ha escrito “Lentamente va corriéndose el velo que ocultaba la verdadera fisonomía del Buenos Aires virreinal y va surgiendo una nueva apreciación del pasado más de acuerdo con la realidad de los hechos"

   El viejo Buenos Aires, triste y pobre aldea de llanuras, huérfano de toda manifestación artística, fruto del desconocimiento o menosprecio del pasado,  cede paso a otro Buenos Aires en el cual tuvieron cabida los artistas y artesanos, nativos y extranjeros,  que ornamentaron con sus obras los templos y capillas, los edificios públicos y las residencias privadas.

    No se crea que pretendemos afirmar a Buenos Aires como centro artístico . Lejos estamos de ello, pero si queremos advertir que nuestra ciudad tuvo una actividad artística , limitada si se quiere  pero no despreciable,  conocida sólo en parte y muy superficialmente, y de la que dan cuenta cabal el número relativamente elevado con respecto a su población, de tallistas y escultores , de pintores y plateros . De estos últimos en 1778 había alrededor de 50 de los cuales la mitad eran criollos.

Alegoría. Cuzco Siglo XVII


   La pintura, si bien no alcanzó el esplendor que hizo de Cuzco , Potosí o Quito centros indiscutidos del arte pictórico sudamericano, tuvo   en cambio cultivadores distinguidos que llevaron a sus lienzos las inquietudes de una sociedad incipiente .

   Allí están los españoles Ausell y Salas , los italianos Camponesqui y De Petris , espíritus diversos , de distinción y afinados gustos los unos y de vigorosa fuerza los otros , que orientan la pintura porteña dieciochesca , desde el gran cuadro de composición hasta la miniatura bellamente significativa .

San Juanito. Óleo de Nicolás Cruz. Museo Nacional de Arte. La Paz. Bolivia



   Fue preocupación de los europeos del siglos XVIII la educación del artesano , considerándose a la enseñanza del dibujo como factor importante en la preparación del obrero manual . Tal inquietud se reflejó en América , donde las autoridades prestaron especial atención de este aspecto de la capacitación. 


   Fue Lázaro de Rivera , gobernador de Mojos desde 1783, uno de los más iluminados e innovadores que hubo en estas partes de América en tal sentido . 

   A poco de haberse hecho cargo de la gobernación,  ya se refería a la habilidad de los naturales en la pintura y la música,  y escribía “En estas dos nobles artes exceden los indios moxos no sólo a los naturales de todo el Perú,  sino también a los españoles que las ejercitan en este reino.” Coincide con esta afirmación la del padre Francisco Javier Eder jesuita residente en Mojos, que escribe “En la pintura no son menos diestros con tal que algún maestro europeo los guíe con su ejemplo”. Con los ojos puestos en tales aptitudes, Rivera impulsó la educación artística creando escuelas estables.

   Terminado su gobierno,  Rivera llevó consigo a España dos libros con pinturas de Mojos como muestra de los progresos logrados. Se trataba de acuarelas con motivos locales,  reproducciones que eran  fieles reflejos de una formación académica.

   Los sucesivos gobernadores trataron de mantener el funcionamiento de las escuelas de arte que creó Riveras y de abastecerlas de los útiles necesarios. No obstante en ocasiones la enseñanza era interrumpida,  dado que los lápices para dibujo y la mayor parte de los color finos debían importarse de Europa. De este modo las escuelas de dibujo siguieron multiplicándose hasta llegar a existir una en cada pueblo .

   En Chiquitos el desarrollo artístico fue paralelo al de Mojos según afirma en un informe el gobernador Miguel Fermín de Riglos . “ Los retablos eran de hermosa construcción y con esfinges romanas grandes,  que no las he visto mejores en ninguna parte,  y los colegios anexos a las iglesias tenían pintadas todas las paredes con varias y distintas ideas.”

«Continuará»

 

La Visitación. Óleo Cuzqueño Siglo XVIII






 

 

 

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