ROLANDO REVAGLIATTI
Infantil
—Cuando era chiquita me soñaba
una casa —dice la mujer—. Que era una casa. Que yo era una casa en cuyas
tejas los pájaros y las palomas no sabían asentarse. Se desprendían,
resbalaban, no sé; alguno no levantó vuelo y se estrelló. Y se murió en mi
jardín, entre las flores, entre los carteles que explicaban la procedencia de
esas flores vistosas, con tanto amarillo y negro, tan desesperadas. Se murió en
mi jardín, uno. Y nadie lo enterraba. Era chiquita la casa que yo era: un
chalecito. Había una virgen de Luján en el fondo, empotrada en una pared
descolorida. No sé quién le llevaba menta. Los bichos canasto estaban siempre
con ella. Las tejas, no me acuerdo. Pero los pájaros se caían, todos se caían.
—Uno se murió —dice el
hombre.
—Resbalaban, no sabían
asentarse —dice la mujer—. La chimenea nunca largaba humo. Estaba siempre
limpita. Ni las palomas ni los pájaros iban a la chimenea. Intentaron varias
veces no resbalar, aletear con precaución.
—Uno se murió —dice el
hombre.
—¡Sí!... ¡Uno se cayó, se
murió!... —dice la mujer—. Y nadie lo enterraba. No sé cuántas muñecas
vivían en mi casa. Lo miraban al pájaro y seguían de largo. Por ahí se detenían
un momento, y de lejos nomás miraban y seguían de largo. Con ojos estúpidos
miraban y hacían lo que tenían que hacer, menos enterrarlo o quemarlo o
tirarlo afuera. Todas tenían mi cara, las muñecas. Eran muchas, más de las
que podían caber. Todas parecidas pero ninguna era igual a otra.
Dice el hombre:
—Mi amor.
—¿Qué?... —dice la mujer.
—Nada —dice el hombre—.
Te beso.
La besa en los labios. La mira
mientras la besa. No la abraza ni la toca más que con los labios. Deja de
besarla. Detenidamente mira el pelo, el cuello de la mujer. Sin tocarla más que
con los labios, vuelve a besarla en la boca. La mujer, sin separarse, llora. El
hombre, con un brazo, la toma de la cintura. La mujer besa las mejillas del
hombre. Con la otra mano, el hombre, toma la cara de la mujer. La mujer lo
abraza. Llora.
—¡Yo era chiquita!...
—dice la mujer—. ¡Yo
era chiquita!...