Las
palabras desordenadas
y
la pluma y el papel las reúnen,
alimentan
y ordenan
para
que el verso pueda crecer.
Las
palabras me apabullan,
me
dominan; son mi ley.
A
ellas me debo entera,
sin
ellas muere mi ser.
Las
palabras me acompañan
desde
siempre; desde ayer,
y
carcomen mi cerebro
buscando
salir: nacer.
Las
palabras son mis amigas,
me
hicieron encontrarlo a Él;
al
amor de mi vida,
y
mi alma lo llamó “Rey”.
Las
palabras me lastiman
y
hasta me hacen doler,
las
lágrimas, los sinsabores,
a
veces no me dejan ver.
Pero
son mi única herramienta,
mi
único modo de trascender.
¡Vengan
a mi mente y mi pluma,
palabras:
mi manera de querer!.
Isabel
Domínguez de Araya