Buenos Aires, una mañana cercana a la primavera del año dos mil
dos. Exactamente... estamos a diecinueve días del mes de Septiembre.
El cielo aún gris se burla de los caminantes que sostienen su mirada
en lo alto, sólo en busca de una señal del astro rey. Una señal
que no aparecerá en este día, una huella que para Paloma, es recuerdo
y es olvido.
Vuela Paloma que a mi amor llegarás! Vuela que aquí te espero
con el corazón! Así decía la canción que sonaba
en la casa de la playa trece años atrás.
El viento sopla desde la noche anterior, no hay soles ni estrellas, hace frío.
Paloma ha cerrado los ojos, en ensueño, sin soñar siquiera que
ésta, tal vez ,será su última noche.
La dulce Paloma, así la llamaban desde niña. Siempre jugando a
esconderse tras las retamas del jardín de San Vicente, muerta de risa
por el perfume de esas flores amarillas que eran como un elíxir. Paloma
con su vestido de cuadrillé rosa, asustada de sí misma, sin comprender
el por que de cómo suceden las cosas. No saben la cantidad de veces que
ella ha visto a la gente como quien está en medio de un carnaval de Venecia.
Como si adivinara las máscaras de todos y pudiera leer las historias
de sus vidas detrás del maquillaje.
Paloma ....
Siempre fue creativa. En su desazón por no poder comprender al mundo
que la rodea, se ha creado uno propio.
En ese mundo mantiene largas charlas con Lucifer quien la rescata de un presente
ensombrecido y sordo.
Un mundo de cavernas y de antorchas, de osos y estalactitas. Un mundo donde
las plantas abrazan sueños, los colores se escuchan, los sonidos se pintan
y el tiempo se mide en un reloj de arena húmeda.
Hija de una madre melómana, y un padre científico, empeñado
en conocer todas las escaleras de la genética, como quien intenta ingresar
a un cuadro de Escher.
Para la niña, el mundo es un gran caleidoscopio. Una rueda de interminables
combinaciones de vidas que se encuentran en un paso. Quien sabe... miles de
pasos que pasan por el mismo lugar. El mundo es para ella un lugar de emociones;
frágiles como los cristales de la lámpara de caireles de su abuela
Sara.
Una abuela, a quien ella prácticamente no ha conocido. Y que cuando nació
sólo quiso verla a través del vidrio de la clínica. Una
abuela distante y fría.
Paloma... tan bella niña, una vida cruel la espera sin prisa.
Paloma además de jugar con las retamas y de chupar el néctar de
las madreselvas con su amiga Olga, vive en un mundo extraño.
Es una criatura adorable, de ojos color miel, pelo ondulado color chocolate,
una nariz recta y manos de finos largos dedos.
Es de esas personas capaces de hacer que la nada se convierta en amor. Un ser
que vive la vida y danza sobre ella con una mítica coreografía.
Ha pasado el tiempo...
Paloma ya no juega con retamas, ni chupa el néctar de las madreselvas.
Ahora ya no vive en San Vicente. Se ha instalado en la subyugante Buenos Aires.
Buenos Aires, llena de luces, de colores, de sonidos y de olores. Una ciudad
enorme y poderosa como un tragamonedas. Un centro pleno de utopías, de
un magnetismo fantasmal y seductor. Buenos Aires, ciudad fatal.
Para Paloma se ha convertido en una ciudad controlada por ángeles que
reflejan sus transparentes siluetas en los altos edificios ,con paredes de vidrio
puro. Construcciones que han dibujado a la ciudad, como el centro planetario,
donde Paloma apuesta por su vida a cada instante.
Han pasado muchos años . Paloma es una mujer ahora. Su corazón
late entre cicatrices. Como de niña, la belleza la acompaña, una
belleza doliente que se escucha cuando ella te mira. Paloma siempre vestida
de nostalgia, con lo más simple convertido en enigma. Cómo es
la última mirada antes de iniciar el definitivo y grandioso viaje?
Paloma es de esas mujeres que no han estudiado muchas cosas, siempre le costó
el colegio. Ella pertenece a otra dimensión. Es de esas personas que
saben de la vida, porque la viven con pasión a cada minuto. Por eso no
saben cuán efímera puede ser. A Paloma siempre le ha gustado hablar
con la gente y penetrar en ella. Descubrir esos mundos humanos, en donde se
construyen espejos, imágenes, rostros desnudos que buscan otros rostros.
Identidad y compañía....La inmensidad sin límites de lo
sagrado... ser y estar.
Hace un tiempo que ella está buscando un nuevo sentido a su vida. Separada
y sola, camina sobre sus recuerdos en un complejo y tupido camino de memoria
regado de fortuna e infortunio.
Una vez más entra en su casa y pone música. No necesita siquiera
encender la lámpara de vitreaux de la sala, pues conoce cada rincón
de su lugar. Su casa es su santuario. Un lugar donde los significados comprenden
al mundo y sus objetos.
De repente se le ocurre encender la computadora, esa caja cuadrada que no intenta
saber como funciona, pero que se encuentra llena de magia. Su comunión
con la máquina es como la del mago con sus pociones maravillosas.
Las letras de brillantes colores, refulgen en las pupilas de Paloma. Y es allí,
donde ve lo que durante años estuvo esperando.
Ve el anuncio a todo color! Y no lo puede creer... su cara se ha convertido
en una colina de colores cálidos.
“El miércoles 18 de Septiembre, a las 19,00 horas, se presenta
en “La maison del libro”, el gran escritor francés Claude
Héritier, recién llegado al país, para la presentación
de su nuevo libro, “La vida por un caracol”. Una obra polifacética,
en donde el miedo y el alma luchan en un espacio íntimo, para partir
de lo posible y traspasar barreras. Para confirmar su asistencia e informes
comunicarse con la Sra.Lolita Costas de 9 a 18 horas en Olazábal 3773,o
al teléfono:4545_4123 o por correo electrónico a: osohornero@cardioweb.com.ar”.
Paloma estruja el papel en donde acaba de copiar los datos de la conferencia.
De pronto las agujas del reloj parecen moverse demasiado lento, y el tic tac
del reloj repica como una campana en Notredame.
Paloma se fija en la hora. Son las seis y siete minutos de la tarde.... se ha
hecho tarde para llamar a la señora Lolita y tendrá que esperar
las horas del nuevo día para confirmar que sí! Que quiere ir a
ver a Claude Héritier.
Una poderosa ansiedad se viste de fiesta, mientras en el espejo se refleja la
angustia de no saber si hallará lugar a tiempo para ver al escritor.
Paloma siempre fue una lectora incansable y el estilo de Claude la tiene cautiva.
Presa de un sentimiento de amor y admiración por el hombre que percibe
detrás de las letras en las novelas. Ella, conoce su foto. Lo ha visto
en las solapas de los volúmenes que ya viven en su biblioteca. Lo ha
visto en su sueños... lo ha visto en las caras de otros hombres, y ahora
como mágicamente, lo va a ver.
Un gesto rotundo como una amazona se plasma en Paloma. Su cuerpo esbelto, se
ha tensado. Con la mano derecha se toca la garganta, recinto secreto de un ruego
divino. Paloma necesita ver que el tiempo corre, necesita contarlo de otra manera,
sentir que la noche la acerca a Claude... no que la distancia.
Ella escucha su propia respiración que danza en primer plano los acordes
de una sinfonía de Rachmaninoff. La número uno.
Cada compás es un paso más hacia el amado quien ignora la existencia
de esta mujer. Héritier no tiene idea de la pasión que ha despertado
en la porteña. Y en ese mar de deseos y de notas.... la noche va pasando...
y amanece otra vez.
El despertador acaba de sonar. El 18 de septiembre ha llegado! Paloma salta
de la cama, y corre a mirarse en el espejo. Se sonríe. Su reflejo es
su cómplice. Llegó el día! Ella lo vive como si fuera a
prepararse para celebrar algo muy importante. Desde la noche anterior, ha dejado
preparada su ropa muy prolijamente. Ahora cuando va a vestirse... duda. Y ya
no sabe que se pondrá hoy! Se debate entre el pantalón o la pollera,
el pullover negro o la camisa de flores rojas. Que las medias, que el pelo,
que si llueve o sale el sol!
Y ahora sí que las agujas corren! Vamos Paloma!!
Por fin se viste, con nada de lo que había pensado. Mira el reloj otra
vez. Ya son las nueve y veintitrés!
Corre hacia el teléfono, disca el número de la maison del libro,
quiere escuchar la voz de la señora Lolita Costas y confirmar de una
buena vez que ya tiene su lugar reservado para ir a ver a Claude. La vida por
un caracol.... El teléfono ni suena ni da ocupado. Paloma ya piensa en
mil cosas a la vez que se dice: calma calma... seguro que disqué apurada.
Lo intenta de nuevo y pasan dos o tres segundos hasta que se escucha el tono
de ocupado.
Paloma, corre a la cocina. Inventa una pava para poner a hervir agua, para prepararse
un café que en realidad no le interesa. Prende el fuego de la hornalla
de la cocina verde. Pone a calentar el agua de la pava y corre de nuevo hacia
el escritorio donde el teléfono reposa como un gato gordo y feliz que
acaba de despacharse a su presa.
Una vez más, va diciendo los números en voz alta, con precisión
de metrónomo. Comienza el adagio y... cuatro cinco cuatro cinco cuatro
uno dos tres...
Llama. Por fin atiende una voz masculina que dice:-- La maison del libro ,buenas
tardes.
Paloma habla:-- buenos días por favor, quiero hablar con la señora
Lolita Costas.
Y escucha del otro lado: --Para mí ya son buenas tardes porque almuerzo
temprano. Ya son las doce!
Las doce? Paloma no entiende. De pronto se da cuenta que la mañana se
transformó en mediodía. Traga saliva, otra vez la mano derecha
a la garganta.
Y vuelve a decir:--por favor, quiero hablar con la señora Lolita, por
la presentación del libro de Claude Héritier. Quisiera confirmar
mi asistencia.
--La señora Lolita salió por un momento. Me fijaré si hay
lugar en la lista de asistentes.
--Gracias, cómo es su nombre? Pregunta Paloma
--Me llamo Federico.
--Mire Federico me llamo Paloma y estoy con muchos deseos de poder asistir esta
tarde.
Hace mucho que esperaba que esto se diera. Me refiero a que el señor
Héritier llegara a
Buenos Aires. Me parece un escritor fantástico! Lo admiro desde siempre!
--Usted y muchas personas más Paloma. Le digo que llamó justo
porque quedaba sólo un
lugar. Ayer no dejó de sonar el teléfono! Le recuerdo que tiene
que ser puntual.
Seguramente tendremos que hacer listas de espera, en caso de que la gente siga
Llamando.
--Gracias Federico. Allí estaré. Puntualmente. Hasta entonces.
--Adiós Paloma.
Ella cuelga el teléfono... faltan pocas horas para ir al encuentro de
Claude! Otra vez más se mira en el espejo que está al fondo de
la vitrina de las copas de cristal en el bargueño de su living. Allí
se ve. Entre las copas de cristal tallado a mano y la estatuilla de una Venus
en arcilla gris. En el fondo de ese cuadro, se dibuja la cara de Paloma mientras
Venus Afrodita con un solo brazo, tapa apenas la desnudez de su alma , ofreciendo
su cuerpo cadencioso y delicado.
Paloma queda extasiada por la imagen y una vez más atrapada por sus sueños.
De pronto suena la alarma contra incendios y Paloma sale del trance. El agua
de la segunda pava que puso a hervir para otro té, se ha evaporado y
se está quemando.
Corriendo llega a la cocina y apaga el fuego. Se parece al bombero Guy Montag
, creación de Bradbury en la sociedad autómata de Fahrenheit 451.
Mientras Montag sólo conoce lo que ha visto, Paloma cree conocer lo que todavía no vio.
Vuela Paloma que a mi amor llegarás! La están tocando por la
radio! Otra vez!
Su canción favorita, sale desde la radio que guarda en el placard azul.
Paloma se ha olvidado de sentir que tiene hambre y la hora de almorzar sigue
su paso raudo hacia el pasado. Ya son las tres y media de la tarde. Después
de reacondicionar la pava verde que ha quedado matizada de negro y gris, Paloma
otra vez intenta tomar un té.
Pero esta vez, es diferente. Preparará su té de jazmín.
Un té que consume en ocasiones especiales... un té con el que
se hace presente su indulgencia... un aroma que la envuelve y la aliviana. Paloma
quiere volar. Quiere ser parte de un cuadro de Chagall. Ella elige cuidadosamente
la taza pintada a mano de porcelana inglesa, la cucharita dorada que le trajeron
de regalo de Turquía, y la servilleta que era de un juego de manteles
de cuando su madre se casó. Una reliquia! Las flores del jazmín
parecen vivas de nuevo, flotando en la taza de té, llenando las pupilas
de Paloma como si fueran dos camalotes.
Paloma se sienta, contempla su té, lo huele, se deja rozar el cuello
y dirige su mirada a la fotografía que aparece en el libro de Claude
Héritier. Paloma le habla y dice:
--mi amor... falta tan poco para que estemos juntos!
Su mirada se ha puesto vidriosa por las lágrimas que no llegan a asomar.
Toma el libro entre sus manos, y lo besa. Con sólo mirarte mi amor...
eso piensa Paloma, entre trago y trago de té. Gira su muñeca izquierda,
mientras con la mano derecha apoya la taza sobre la mesa redonda de madera oscura
y ya son las cuatro treinta y ocho. Casi las cinco de la tarde!
Como sonámbula, se dirige a tomar un baño de espuma. Ella quiere
estar relajada y hermosa. Todo detalle debe estar bajo control para sorprender
a Claude.
Paloma vive a unas quince cuadras de distancia de la maison del libro. No hubiese tardado mucho si hubiese ido caminando, pero como todo tiene que estar perfecto ella va a tomar un taxi.
Paloma está preciosa ¡ Se ve como una reina y se siente como tal.
Si acaso Paloma es bonita, luce realmente vistosa y elegante. Parece un meteoro
incandescente! Su brillo es pavoroso! Parecería que va a una reunión
de gala!!!!! No le importa si tiene que sentarse en el piso del rústico
local! Ella va a ser la emperatriz para los ojos de Claude.
Así se va , ya está subiendo al taxi. Casi se la escucha cuando
indica hacia donde se quiere que el chofer la lleve. Bajada de banderita, comienzan
a caer las fichas del reloj del taxi,
y .... semáforo en rojo. Mientras el taxista escucha la radio, maneja
con una sola mano como su Venus de la vitrina de las copas, y con la otra fuma,
Paloma siente que el tiempo se derrite y se acuerda de los relojes de Dalí.
Se le derrite el tiempo en cámara lenta y aunque faltan tres cuadras,
le parece que como Moisés ... nunca llegará a la tierra prometida.
Pero llega. Llega en horario. Faltan todavía diez minutos para las seis
de la tarde.
La sala ya está bastante llena.
Paloma ingresa, escucha a todo el mundo hablando. Alguien se le acerca con una
lista en la mano y le pregunta su nombre. Ella responde. Su nombre aparece en
una lista de mas o menos cien personas, con el número 91. En el casillero
de al lado del nombre, dibujan un tilde, prueba de que ella está ahí
y no es un sueño! Le sonríe a la persona que le dice:
-- ubíquese por favor! ¡estamos retrasados!
Ella más que obediente se sienta en una silla que encuentra en la fila
tres.
Entonces se le ocurre sumar los números que vio al lado de su nombre
y piensa, noventa y uno. Nueve más uno? Diez! Mas tres porque estoy en
la tercera fila... trece! Mi número de la suerte!!!!! Y se siente feliz
por eso.
Paloma.... Paloma....
De pronto en una tarima improvisada un hombre sube a probar un micrófono.
Lo golpea con el dedo índice, lo sopla y dice hola hola.
De la última fila, llega un grito que dice: --no se escucha!!!!!!!!
Paloma que está en la fila tres, escucha perfecto y ve bien. Definitivamente
el trece le ha traído suerte!
Aparece una señora en escena. Y habla para el público. Se presenta.
Es la señora Lolita Costas que viene a anunciar que en cuestión
de minutos el señor Héritier, aparecerá .
Todo el salón se llena de miradas. Miradas que se cruzan, que se preguntan
cosas, que miran el techo, que observan relojes, que miran algún ejemplar
de un libro que tienen en la mano, para hacerlo autografiar por el autor. Miradas
de todas las formas, miradas en todas las líneas.
Lolita Costas, hace una serie de pequeños gestos, se sonríe y
pide: --un aplauso por favor para darle la bienvenida a este magnífico
escritor el señor Claude Héritier!
Todo el mundo aplaude, se sonríe, algunos hasta se ponen de pie! Paloma
está petrificada y no puede reaccionar. Simplemente... no lo puede creer....
Claude entra a la tarima, en donde un foco de luz dicroica color arco iris,
ilumina un banco de madera de algorrobo como los que se usan en un bar.
Alto, delgado, con su pelo lacio cayéndole en un costado de la frente,
Claude sonríe para el auditorio.
La sala enmudece, y se pone atenta a escuchar. Claude aún de pie, saluda
sólo inclinando su cabeza hacia delante. Se escucha apenas un cric crac,
mientras él pliega su bastón blanco y con sus manos palpa el banquillo.
Apenas si se apoya en él.
Una vez más ofrece esa cálida y hermosa sonrisa que sabe explotar
y comienza a hablar.
Paloma está confundida, aturdida, emocionada, conmocionada, perpleja.
Y todavía no reacciona.
Claude ¡! Su Claude! Su amor! Jamás podrá verla, como ella
jamás lo supo ver.
Las preguntas la asaltan en su mente, mientras abre cada vez más sus
ojos, como en un intento de acercamiento. Quiere llenarse de la imagen de Claude
y no tiene idea de lo que él está contando. Es como si hablara
en otro idioma. No lo puede seguir, ni entender. Se siente como un buzo bajo
la presión de un mar profundo y sabe que su tuvo de oxígeno está
fallando.
Ni siquiera puede pedir ayuda. La gente habla con Claude, le hacen preguntas
y ríen con él.
Paloma mira a su alrededor y se siente perdida. Nadie la ve. La emperatriz que
llegó a la maison del libro, se ha transformado en un fantasma.
Un fantasma que llora, muda, sola y desesperada .
Acaba de terminar todo. La gente se está yendo. Ella sale también.
Ahora llueve y ya son las nueve de la noche. Se queda bajo el alero de vidrio
de la maison del libro para no empaparse. Con el apuro, salió sin paraguas,
ni piloto.
Mira la calle, las luces, los semáforos. Se siente tonta. Cuando por
fin se decide a acercarse al cordón de la vereda y se dispone a cruzar
para buscar otra calle, se escucha el chirrido de las gomas de un auto intentando
frenar en el pavimento mojado, aunque como los relojes de Dalí la inercia
vence y se desplaza unos metros más. El conductor se baja del coche y
se agarra la cabeza! Paloma mira hacia su brazo derecho y ve la mano de Claude
que la sujeta.
Imágenes superpuestas y palabras superpuestas. Nada es claro y Paloma
mira a su alrededor en cámara lenta... todo parece detenido... todo.
Clava la mirada en la mano de Claude que la sostiene y le está hablando,
mientras el conductor del coche se vuelve a su vehículo a los gritos
y los transeúntes huyen de la lluvia.
Por fin Paloma puede hablar y dice: --gracias Claude
Él responde:--No lo escuchaste? No lo viste? Cómo te llamas?
--Me llamo Paloma. Te vi y te escuché Claude. Acabo de salir de tu presentación.
--Me refería al coche. No lo escuchaste!
--Es cierto , dice ella. No escuché ni ví el coche. Pensaba en
otra cosa.
--Aceptas un café Paloma?
Ella lo mira y recuerda su numerito trece. Se sonríe. Por su cara bajan
las gotas de lluvia.
Su pelo está mojado, el peinado desarmado, la ropa se le pega al cuerpo.
Se corren nuevamente al alero de la maison del libro, que los cobija algo.
--Claude..... me encantaría pero tendría cambiarme la ropa que
está empapada. Quiero hacerte miles de preguntas sobre tu última
novela, las tengo a todas sabes?
--Es verdad contesta él mientras siente la manga empapada de la camisa
de flores rojas de ella. Si no te cambias te vas a resfriar dice Claude con
una dulce sonrisa. Además se haría tarde para mí, qué
hora es Paloma?
Ella siente que un hielo la recorre desde la garganta hasta el esófago.
Otra vez el campanario suena fuertemente en su cabeza. Paloma levanta su brazo
y flexiona el codo izquierdo para mirar la hora. Son las nueve y diecisiete
de la noche. Mira a Claude, a la calle, a la gente que va y viene. Y hasta piensa
en mentir. Su corazón otra vez se agita y la lengua la traiciona.
--Son las nueve casi y veinte
--Más vale que me apure en ir a mi hotel. Todavía tengo cosas
que preparar, dice el escritor.
Sin poder detenerlo él se acerca otra vez al de la vereda y para un taxi.
Paloma lo sigue por detrás y no alcanza a pronunciar una sola palabra.
Otra vez el cric crac del bastón blanco de Claude plegándose,y
la puerta que se cierra.
Claude baja el vidrio de la ventanilla y le dice, cuídate Paloma!
Sin dar tiempo, se dirige al chofer y Paloma escucha, vamos al hotel Bristol
por favor. Y así... el coche arranca.
Paloma se queda inmóvil y demudada. Las luces del semáforo de
la esquina se multiplican en burbujas mientras una lágrima aparece en
el rostro que refleja la luz roja.
Paloma reacciona entonces y detiene a un taxi. Es un peugeot 504. Le indica
al taxista la dirección.
La palabra Bristol comienza a repicar en su memoria cada vez con mayor intensidad.
Llega a su casa y sin encender las luces y mojando los pisos sube la escalera
que la conduce a la sala de estar.
Se dirige a la mesa en donde el teléfono pareciera llamarla. Prende el
velador de vitraux. Busca las guías teléfonicas. Encuentra la
guía de las páginas comerciales y con desesperación pasa
las hojas para encontrarse con la letra “H”.
Se dice así misma... hoteles hoteles...
Pasa las páginas de herrerías, hierros, hielo, hornos... hospitales
hasta que llega a hoteles y lógicamente busca el Bristol.
Va recorriendo a toda velocidad con el dedo índice la página hasta
que lo encuentra.
Hotel Bristol.....................(011) 4310-3020
Apoya la guía en un costado y mientras toma el auricular del teléfono
marca los números del hotel. Los repite en voz alta; cuatro tres uno
cero, tres cero dos cero... el teléfono llama.
Paloma nota que otra vez, la suma de esos números da trece . Se escucha
una voz del otro lado que dice: --Hotel Bristol, buenas noches
--Por favor, con la habitación del señor Claude Héritier,
dice Paloma
--De parte de quién?
--mi nombre es Paloma. Es urgente tengo que hablar con él.
--La comunicaré, aguarde un instante dice el empleado que no ha visto
que Claude ya traspuso la puerta y está subiendo a otro coche.
Del otro lado Paloma espera con una sonrisa triunfal diciéndose a sí
misma, trece trece! Es mi numerito de la suerte!