Gabriela Altamirano
Córdoba
ARGENTINA
Hablando sola...
En tu silencio he encontrado todas las respuestas, y en tu mirada
donde el olvido ávido, devorador, caníval, ha expuesto las pruebas
necesarias
para este desalojo emocional.
Sola quedo de cuclillas en los bordes de los cráteres volcánicos
o de puntillas
en ríspidas cornisas.
Muda, ciega, inoperante. Un ser electromecánico al que la vida le niega
los enchufes.
Sin embargo no me rindo y busco hacerte poesías, más las letras
que antes
eran mi salida de emergencia hoy se han vuelto salvavidas de cemento.
Y tanta salud me enferma.
Y la soledad me acompaña.
Y el vacío me llena.
Y la paz se me ha plantado en pié de guerra.
Al tanteo arranco de mi árbol un racimo de sueños, de aquellos
que no tuvieron
todavía, su función de estreno. Preparo un festín con
ellos y me los como,
si de cualquier manera jamás llegarán a tener forma y nunca
podrán brotar
en realidades.
Sé que debo trazar una nueva senda, un camino sin tí y sin gran
parte de lo
que era yo.
Marcaré mis novedosas rutas con este aprendizaje tortuoso, lujurioso
y
místico.
Y algun día volveré a arriesgarme por alguien que no desprecie
un sentimiento
tan bello.
Y pillaré a las Musas escondidas y las obligaré a que me devuelvan
la esperanza
y la alegría del amor correspondido, mientras enjugo oscuras y saladas
lágrimas
pretendiendo que conocerte fué algo que jamás me ha sucedido.
HURGA EN MÍ
Me gusta ver como te esfuerzas,
para salir del monótono espiral de los recuerdos.
Pero entiende que te será estéril tanto brío
pues quedarás perpetuamente recluido en mi sustancia,
donde una vez marcaste territorio
y donde mirando atento en panorámica,
me diste un espacio en el paisaje
y me regalaste identidad de pertenencia.
Sigues siendo para mí el Rey del Universo
y continúo lustrando con orgullo
tu fantástica corona de diamantes
con mi simpático sombrero de lanilla.
Hurga en mi, a ver que encuentras,
tal vez haya algo de valor en mis escombros,
y convéncete a ti mismo que aunque huyas
tengo bien inspirados los espejismos
y que si se me diera la gana te imagino
bailando para mí, en mi cajita de música.
DIURNA
El día pinta jibias y ocres en el cielo,
y amplía luego variedad en su paleta.
Comienza entonces el ruido de los hombres,
con el ir y venir de sus miserias.
Y muy por encima de sus hombros,
donde Ra se muestra potente y musculoso,
la vida, que es toda desenlace y vértigo,
se encadena al destino
con eslabones de pájaros...