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LA MÚSICA EN LA HISPANOAMÉRICA COLONIAL


   No nos consta que en los primeros decenios del siglo XVI hubiesen pasado a América músicos de relevancia , pero debían de trasladarse muchos maestros en diversas artes y artesanías.  Y gracias a la singular aptitud de los indígenas para la música , ésta tuvo en América desde California hasta Tierra del Fuego una aceptación tan brillante como clamorosa .

    Una vez asentadas las primeras poblaciones,  fue la música uno de los elementos que más contribuyó a su consolidación . En las treinta reducciones de guaraníes , la música a la par de la vida espiritual lo fue todo. 


   Ya en 1523 Pedro de Gante el gran apóstol y civilizador de México llegó a establecer una escuela de canto y de música para los naturales y en 1554 Juan Pérez Maturano obtenía la real venia para imprimir un libro de música compuesto por él en Cartagena de Indias de donde era vecino. Dicha obra musical se refería al canto de órgano y canto llano .

   Tal fue así que hablando de México escribió Miguel Bernal Giménez que "es tal la cantidad de obras y la exquisita cantidad de las piezas musicales compuestas en México en la época hispana que jamás alguien se habría imaginado cosas semejantes . ¿Quien habría pensado (se pregunta el gran musicólogo) que existiera entre nosotros en 1723 un músico tan original , de tan fina y de tan sólida musicalidad como Francisco Moratiela , cuyos villancicos son verdaderas obras maestras? ¿ Quién habría sospechado que poseíamos músicos de la talla de Antonio Rodil y de Antonio Sarrier , cuyas oberturas son dignas de la firma de un Mozart de un Haydn o de un Domenico Scarlatti? ¿Quién hubiera podido afirmar que nuestros músicos del 700 trabajaban ya con aplomo y galanura las formas sonata , suite o duga? 

   Nunca hubiéramos presentido siquiera tan glorioso pasado .


   Son de mencionar como músicos destacados de la vida cultural hispanoamericana Mariano Elizaga quien a los 13 años fue designado organista de la catedral de Valladolid. Radicado posteriormente en la ciudad de México escribió muchísimas piezas de música religiosa y música melódica.

   Fue tan precoz el desarrollo musical en México que ya en 1604 la imprenta de nueva España editaba piezas de música autóctona que son las más antiguas que se conocen aparecidas en América.

También en el Perú se publicaron innumerables páginas musicales como el Ordinarium de 1556 el Manuale de 1560 Graduale de 1576 y el Misale de 1559 .


   Veamos lo que dice en su diario de viaje el religioso Vázquez de Espinosa. En su largo viaje por estas tierras en el siglo XVII, al pasar por Guatemala dice : “La mayoría de los indios son buenos cantores y son expertos en todas las clases de instrumentos musicales – fagotes, flautas, sacabuches, bajones, cornetas y órganos_ los que fabrican con juncos inteligente e ingeniosamente unidos .”

En su paso por Cajamarca anota en su diario: “Hay muchos indios artesanos de todas las profesiones y cantores con su maestro de coro que los instruye ... y tienen fagotes y muchos otros instrumentos musicales.”

En Lima escribe: “ Hay doncellas que han tenido y tienen una gran fama en lo concerniente a la música y este arte tiene entre ellas una preeminencia indiscutida.” 


Al llegar al Río de la Plata escribe el mismo viajero: “He visitado una iglesia metropolitana la cual cuenta con un excelente coro con cantores , niños bailarines y expertos en los instrumentos de viento, lo mismo que en los demás instrumentos musicales.” 

Tal fue el panorama que impresionó las retinas de este noble pasajero en su trayecto por estas tierras en una época tan temprana de la colonización.

Aún en rincones tan apartados de toda influencia externa , en las orillas del lago Titicaca floreció la música en tierras peruanas desde fines del siglo XVII en donde había, dirigida por jesuitas,  no sólo una escuela de primeras letras, sino otra dedicada exclusivamente a la música, de la que egresaron como eximios ejecutantes muchísimos de nuestros paisanos los indios .

Colombia dio a Juan de Herrera y Chumacero que fue el músico más notable y el padre de la música en la ciudad de Bogotá . Se conservan de él una misa de Réquiem , unas lecciones y salmos de exequias , unos salmos de vísperas a cinco voces , unas lamentaciones a cuatro voces , un Omnes entes a diez voces y otras no pocas piezas entre ellas algunos graciosos villancicos .

De Venezuela guardamos las memorias de dos naturalistas alemanes , Bredenmayer y Schültz que en su viaje en 1786 a ese país quedaron tan impresionados, no sólo por la hospitalidad del pueblo venezolano sino por el nivel de cultura adquirido por éste.  Tal era el esplendor alcanzado por los indios en el arte de la música que era voz común escuchar en épocas de la colonia que más valía un día de función de los indios que todas las toreadas y comedias.

«Continuará»




 

 

 

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